Características de los metales
Los
metales tienen una serie de características que los diferencian de los
demás materiales, los no metales. Además de que todos, a excepción del
mercurio, son sólidos, la más característica de las propiedades de los
metales es su brillo especial, que curiosamente se llama brillo
metálico. El brillo es la capacidad de un material para reflejar,
absorber o reflectar la luz. Los metales, una vez pulidos, reflejan la
mayor parte de la luz que les llega.
Adamantino Subadamantino
Vítreo Metálico
Submetálico Nacarado
Sedoso Resinoso
Graso Húmedo
Otra
característica que cumplen la casi totalidad de los metales es ser
buenos conductores eléctricos y mostrar carga eléctrica positiva en los
procesos de electrólisis. La estructura electrónica de los átomos
metálicos se caracteriza por la existencia de pocos electrones en su
capa externa, por lo que se requiere escasa energía para que los pierdan
y adopten la estructura estable en forma de cationes. Además, en una
masa metálica, los electrones de valencia fluctúan de uno a otro átomo
formando la denominada “nube electrónica”, de algún modo compartida por
todos los átomos del metal. Así muchos son empleados para hacer cables,
etc... Además también son buenos conductores del calor.
Los
metales son materiales, en general, bastante densos, insolubles en agua y
en muchos disolventes, y opacos con un espesor adecuado.
En
cuanto a las propiedades metálicas podemos decir que los metales
presentan resistencia a la tracción, es decir, que pueden soportar
grandes cargas, que se calcula poniendo el material en una cubeta
imprimiéndole una fuerza que se aumenta progresivamente y dividiendo la
carga máxima de fuerza que se la ha aplicado a la probeta por la sección
transversal de la misma.
Los metales son poco duros, así una de
las funciones más importantes de las aleaciones es mejorar esta
propiedad. La dureza se delimita dejando caer contra una superficie
pulida de un metal una bola de acero especial y muy duro (método
Brinell) o un diamante piramidal (método Vickers). Una vez hecho esto
podemos medir la dureza del metal de dos maneras: por la relación entre
la carga en kilogramos y la huella dejada en el metal en milímetros
cuadrados, estaremos hablando de dureza de retroceso, o bien teniendo en
cuenta la altura que adquiere la bola en el rebote, cuanto más blando
sea el material, menor altura alcanzará ya que la energía del impacto ha
sido absorbida en casi su entera totalidad por la deformación del
metal, y se llamará dureza a la penetración.
Los
metales son muy dúctiles, es decir, que se pueden estirar en forma de
hilos; y bastante maleables, podemos estirarlos en láminas sin
romperlos. Una de las malas propiedades de los metales es su baja
resistencia a la fatiga, o la situación en la que se encuentran algunos
metales tras ser expuestos a ciclos de carga de una intensidad menor al
crítico de rotura del material.
Entre las características en el
carácter químico no se puede establecer una relación común a todos los
metales ya que, por ejemplo, en el caso de la oxidación, nos encontramos
con una diferencia ostensible tanto en tiempo como en la energía
liberada. Existen metales inoxidables como el oro y los hay que tardan
menos de un día en oxidar su capa exterior a un milímetro de profundidad
como el hierro, el cobalto y el bario.
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